La Lobera
Como me ocurre con todo lo que habéis escrito, también me ha gustado la narración de Nieves sobre sus vivencias en torno al hombre de El Monte Calí, porque, entre la multitud de actividades que me producen placenteras cosquillitas, una de ellas es la de leer, escuchar o recordar historias que la ciencia no puede explicar, narraciones nacidas en mi tierra capaces de despertar mi voraz apetito por investigar y saber más...
Pues bien, cuando comencé a leer lo que ella recordaba, percibí que, en esa parte de mi cerebro donde se apoltrona la niebla, algo me decía que, de pequeña, yo también había oído hablar de la existencia de un hombre en ese monte y de que no se trataba del “sacamantecas” sino de otro tipo de personaje “extraño” que también nos hacía estar alerta cuando nos aventurábamos por allí, pero que -como bien cuenta Nieves- no nos iba a hacer ningún daño... ¿Por qué, entonces, nos daba “miedo”?...
Ya ves..., me dí cuenta de que me había pasado lo mismo que con los columpios..., que hace demasiado tiempo que había dejado de recordar aquello..., tanto que, si no existiesen personas como las que escribís aquí, yo lo habría olvidado para siempre, y un olvido siempre es una pérdida... Así que..., ¡cosas buenas que pasan...!: Gracias a quienes -dejando a un lado los complejos y/o el qué dirán...-, generosamente, nos regalan en este foro sus particulares vivencias, ahora puedo recuperar esa parte del sabor y el calor de mi tierra que también y tan bien contribuyó a fabricar los cimientos de mi vida, y comprender mejor lo que soy y por qué lo soy...
Pero también debo confesarte, Nieves, que, de una manera totalmente involuntaria e inconsciente, al acabar de leer tu relato algo me hizo exclamar: ¡Mira tú por dónde..., también una hija de Mataporquera recibió el don de “danzar” con los lobos!. ¡Qué alegría la mía!, porque, yo –que, por cierto, no conozco casi nada del tema- sólo había oído hablar de Las Loberas de Asturias, Galicia..., mujeres relacionadas con lugares donde no se ha perdido demasiado la cultura celta. Aún así, siempre he pensado que era muy “raro” que yo no recordase haber oído por mis dos pueblos de Valdeolea -también del Norte- más historias de lobos que la de Pedro y la de Caperucita. No puede ser –me decía- que en una zona tan tardíamente cristianizada y tan montañosa como la tierra que me parió, no queden restos de aquel antiguo modo de vida más relacionado con la Madre y Señora Naturaleza... No es posible... –me he repetido una y mil veces-, porque el arte románico y gótico del entorno aún nos habla de que los detentadores- absolutistas-del-contacto-con-lo-divino de aquel entonces, o sea la jerarquía católica medieval, estaba preocupadísima por las costumbres de nuestros antepasados, unos supuestos pecadores y pecadoras impenitentes a los que había que recordar continuamente la fealdad de sus lujurias y el castigo que les esperaba. Algo tan bien arraigado en una cultura durante milenios, no desaparece así como así en unos cientos de años, ni siquiera por obra de la Inquisición... Y...¡mira tú por dónde!, al menos existe una persona a quien sí se le transmitieron genes con esa memoria histórica. Poder recordar a tu manera, Nieves, lo que has recordado, ¡eso sí que es una enorme riqueza para ti y para toda la cultura que nos ha dado de mamar en Valdeolea!.
Olvidar lo que viene del pasado por adquirir las modas del presente, además de innecesario, supone una tragedia cultural a gran escala para cualquier pueblo y sus gentes, por eso todas las naciones se esfuerzan en recuperarlo y en dejar constancia de ello para el futuro.
Por eso, el que escribamos aquí sobre nuestras "bobadoncias", es bastante más importante de lo que algunos pudieran sospechar, incluso tiene una trascendencia que supera nuestro objetivo personal de divertirnos un ratito recordando juntos (algo que, aclaro, va a seguir siendo mi principal objetivo subjetivo e intrascendente, siempre que escriba aquí).
Por eso, no importan los temas, ni nuestros diferentes estilos "literarios", lo importante es contribuir, como y cuando podamos cada cual, a que algunos tesoros de nuestro pueblo no queden en el olvido. Todo es valioso... ¡Ay, si los de 70 y 80 se animaran también a participar...!, ¡con todo lo que saben...!, cuentos, leyendas, canciones, la guerra civil, la postguerra, los trajes, las comidas, los versos cantados en la solana y en los bautizos, los alfileres que tenían que entregarnos a las mujeres las novias cuando se casaban con uno de Cuena, ... ¡Madre mía!, yo sólo me acuerdo de una pequeña parte de las historias, pero ellos y ellas son enciclopedias vivientes llenas de una sabiduría de un valor incalculable...
¡A ver esos niños y niñas en edad escolar!, ¡que se "pongan las pilas" antes de tener que emigrar como nosotros! y que empiecen a recopilar por escrito, en grabadoras, máquinas de fotos y vídeo todos los recuerdos de los abuelos, y después, claro, que nos los cuenten... ¿no?. Seguro que esos trabajos harían que los "profes", si se esmeran, les subiesen las calificaciones.
Para finalizar, deciros que espero ansiosamente más “historias” vuestras y que aquí os dejo una dirección donde he leído un cuento titulado “La Lobera de las Montañas”: http://www4.loscuentos.net/cuentos/link/438/438442/. No tiene por qué ser ni el mejor, ni el peor, es uno...
Muchos abrazos contra el frío y ¡ hasta la próxima!.

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